Verslag: Concert Romeo Santos & Prince Royce
Romeo Santos & Prince Royce brengen het Zuiderpark in Latijns-Amerikaanse sferen
Soms loop je een festivalterrein op en weet je binnen vijf minuten al dat dit geen gewone festivaldag wordt. Dat gevoel hadden we zondag meteen. Overal waar je keek zag je vlaggen. Natuurlijk was de vlag van de Dominicaanse Republiek veruit het meest vertegenwoordigd, maar daarnaast zagen we ook Colombia, Venezuela, Puerto Rico, Cuba, Panama, Mexico en vrijwel alle andere Spaanstalige landen voorbijkomen. Ook de Antillen waren prachtig vertegenwoordigd met onder meer de vlaggen van Aruba en Curaçao. Het voelde even alsof het Zuiderpark was veranderd in een klein stukje Latijns-Amerika.
Dat werd alleen maar versterkt toen de presentatie grotendeels in het Spaans verliep. We moeten eerlijk toegeven. We verstonden lang niet alles. Maar soms heb je geen woorden nodig om enthousiasme te begrijpen. De glimlachen, de kreten uit het publiek, de mensen die elkaar spontaan vastpakten en begonnen te dansen. Muziek bleek opnieuw een taal die iedereen spreekt.
En ja... mijn Spaans is nog steeds in ontwikkeling. Dus toen er ineens een complete metrowagon het podium op kwam rijden, dacht ik heel even dat het nummer misschien over de metro ging. Of over reizen. Of over een date die de metro had gemist. Geen idee. Maar één ding viel wél direct op. Op het digitale bestemmingsbord stond trots "La Haya", Spaans voor Den Haag. Een klein detail, maar wel eentje waarmee de artiesten lieten zien dat deze show speciaal was voor het Haagse publiek.
Nog mooier was dat zowel Romeo Santos als Prince Royce meerdere keren luid en duidelijk "Den Haag!" riepen. Niet "The Hague", maar gewoon in het Nederlands. Dat leverde hoorbaar enthousiasme op bij het publiek.
Na een korte pauze veranderde het decor volledig. Plotseling kwam een enorme Hummer het podium opgereden, alsof je midden in een film was beland. De setting deed denken aan een moderne versie van West Side Story, maar dan met een flinke dosis Latin flair. Het paste perfect bij de theatrale opbouw van de show en zorgde opnieuw voor een luid gejuich vanaf het veld.
Richting het einde van de show verscheen ineens de albumhoezen van Aventura op de grote schermen. Niet de band zelf, maar de iconische albumhoezen werden geprojecteerd. Zodra de eerste herkenbare klanken inzetten, gebeurde er iets bijzonders. Duizenden bezoekers namen het nummer vrijwel direct over en zongen uit volle borst mee. Romeo Santos en Prince Royce genoten zichtbaar van het moment en lieten het publiek heel even de hoofdrol spelen, voordat ze zelf weer invielen.
Voor liefhebbers van bachata is Aventura pure muziekgeschiedenis. Het was dan ook prachtig om die muziek opnieuw live te beleven. Voor ons bracht het zelfs mooie herinneringen terug aan het concert van Aventura, jaren geleden in het Paard in Den Haag. Dat soort momenten laten zien hoe tijdloos deze muziek is en hoeveel ze betekent voor generaties fans.
Het is bijzonder dat Den Haag steeds vaker dit soort internationale topconcerten weet aan te trekken. Dat juist de Europese tour van Romeo Santos en Prince Royce, Mejor Tarde Que Nunca Tour, ook een tussenstop maakte in het Zuiderpark, voelt als opnieuw een bevestiging dat onze stad een serieuze plek op de internationale concertkalender heeft veroverd. Twee artiesten van dit wereldformaat zie je tenslotte niet iedere week in Nederland.
Ook buiten het podium was alles uitstekend geregeld. Op het foodcourt kon je genieten van allerlei Colombiaanse en Latijns-Amerikaanse gerechten en snacks. Overal hing een ontspannen sfeer. Mensen deelden eten, maakten een praatje met onbekenden en voor je het wist had je een arm om je schouder en werd er enthousiast Spaans tegen je gepraat. We begrepen misschien niet ieder woord, maar de boodschap was overduidelijk. Vriendschap, gastvrijheid en samen genieten van de muziek.
Wat misschien nog wel het mooiste was aan deze avond, was de warmte van het publiek. Iedereen leek elkaar te kennen, of kende elkaar na vijf minuten. Een glimlach, een dansje, een arm om je heen en een paar Spaanse woorden die je niet helemaal begreep, maar waarvan je voelde dat ze met liefde werden uitgesproken. Dat is misschien wel de kracht van de Latin-cultuur. Je hoeft elkaar niet altijd te verstaan om elkaar te begrijpen.
Of zoals ze in het Spaans zeggen. La música une a la gente. Muziek verbindt mensen.
En dat was precies wat zondag gebeurde. Duizenden mensen, tientallen nationaliteiten, één groot feest en een avond waarop het Zuiderpark even het kloppende hart van de Latijns-Amerikaanse muziek was.
¡Qué noche! Wat een avond. Den Haag, of beter gezegd... La Haya, zal zich deze bijzondere zomeravond nog lang herinneren. 🇳🇱❤️🇩🇴🇨🇴🇵🇷
Romeo Santos & Prince Royce llenan el Zuiderpark de sabor Latino
Hay festivales en los que, apenas cinco minutos después de entrar, ya sabes que no será un día cualquiera. Eso fue exactamente lo que sentimos este domingo. Miraras donde miraras, había banderas. La de la República Dominicana era, sin duda, la más presente, pero también vimos las de Colombia, Venezuela, Puerto Rico, Cuba, Panamá, México y prácticamente todos los países hispanohablantes. Incluso las Antillas estaban muy bien representadas con banderas de Aruba y Curazao. Por un momento, el Zuiderpark dejó de parecer un parque de La Haya para convertirse en un pequeño rincón de Latinoamérica.
Esa sensación se hizo aún más fuerte cuando gran parte del espectáculo fue presentado en español. Tenemos que admitirlo. No entendimos todo. Pero hay momentos en los que no hacen falta palabras para comprender el entusiasmo. Las sonrisas, los gritos de emoción, la gente abrazándose y comenzando a bailar espontáneamente. Una vez más quedó claro que la música es un idioma universal.
Y sí... mi español sigue mejorando poco a poco. Así que cuando de repente apareció un vagón de metro sobre el escenario, durante un instante pensé que la canción hablaba del metro. O de viajar. O quizá de una cita que perdió el tren. No tengo ni idea. Lo que sí llamó inmediatamente la atención fue el letrero digital del vagón, donde se leía con orgullo "La Haya". Un detalle sencillo, pero muy bonito, con el que los artistas demostraron que este concierto también estaba dedicado al público de nuestra ciudad.
Aún más especial fue escuchar a Romeo Santos y Prince Royce gritar varias veces: "¡Den Haag!". No dijeron "The Hague", sino el nombre de la ciudad en neerlandés. El público respondió con una enorme ovación.
Después de una breve pausa, el escenario cambió por completo. De repente apareció un enorme Hummer, como si hubiéramos entrado en una película. La escena recordaba a una versión moderna de West Side Story, pero con una gran dosis de esencia latina. Encajó perfectamente con el carácter teatral del espectáculo y volvió a desatar la euforia entre los asistentes.
Hacia el final del concierto aparecieron en las pantallas gigantes las icónicas portadas de los álbumes de Aventura. No era la banda sobre el escenario, sino un homenaje visual a una parte fundamental de la historia de la bachata. En cuanto sonaron las primeras notas, ocurrió algo muy especial. Miles de personas comenzaron a cantar al unísono. Romeo Santos y Prince Royce sonrieron, disfrutaron del momento y dejaron que el público fuera protagonista durante unos instantes antes de volver a unirse a la canción.
Para cualquier amante de la bachata, Aventura representa historia, nostalgia y emoción. Fue maravilloso volver a escuchar esas canciones en directo. Para nosotros, además, despertó recuerdos muy bonitos del concierto que Aventura ofreció hace años en Paard, aquí mismo en La Haya. Son esos momentos los que demuestran que la buena música nunca envejece.
Es fantástico ver cómo La Haya sigue atrayendo conciertos internacionales de este nivel. Que la gira europea Mejor Tarde Que Nunca Tour hiciera una parada en el Zuiderpark confirma una vez más que nuestra ciudad ocupa un lugar importante en el mapa internacional de los grandes espectáculos. No todos los días se tiene la oportunidad de disfrutar de dos artistas de este calibre en los Países Bajos.
Fuera del escenario también todo estaba perfectamente organizado. En la zona gastronómica había deliciosos platos colombianos y de muchos otros países latinoamericanos. El ambiente era relajado y acogedor. La gente compartía comida, conversaba con desconocidos y, antes de darte cuenta, alguien ya te había echado un brazo por encima del hombro mientras te hablaba con entusiasmo en español. Quizá no entendíamos todas las palabras, pero el mensaje era muy claro. Amistad, hospitalidad y amor por la música.
Y tal vez eso fue lo más bonito de toda la noche. La calidez de la gente. Parecía que todos se conocían desde siempre, o que bastaban cinco minutos para hacerse amigos. Una sonrisa, un baile, un abrazo y unas palabras en español que quizá no entendías del todo, pero que sentías que estaban llenas de cariño. Esa es, probablemente, una de las mayores fortalezas de la cultura latina. No siempre hace falta hablar el mismo idioma para entenderse.
Como bien dicen.
La música une a la gente.
Y eso fue exactamente lo que ocurrió este domingo. Miles de personas, decenas de nacionalidades, una sola fiesta y una noche en la que el Zuiderpark se convirtió en el corazón de la música latina.
¡Qué noche!
Esperamos de corazón que todos los visitantes hispanohablantes que viajaron desde distintos rincones de los Países Bajos hayan disfrutado no solo del concierto, sino también de nuestra hermosa ciudad. Ojalá hayan tenido tiempo para pasear por el centro histórico, respirar el aire de la playa de Scheveningen y descubrir todo lo que La Haya tiene para ofrecer.
Y recuerden que siempre serán bienvenidos. No solo cuando artistas de talla mundial actúen en el Zuiderpark, sino en cualquier momento del año.
Y, por favor, sigan "contagiándonos" con esa maravillosa calidez, esa alegría de vivir y ese amor por la música y el baile. Porque si algo nos dejó claro esta noche, es que un poquito de espíritu latino hace que La Haya sea una ciudad aún más bonita.
Hasta la próxima. ¡Las puertas de La Haya siempre estarán abiertas para ustedes!
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